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Cada 1 de octubre, Naciones Unidas dedica el Día Internacional de las Personas de Edad a recordar algo que los psicólogos especializados en personas mayores vemos a menudo en consulta: envejecer no es sinónimo de estar triste, pero sí es una etapa en la que se acumulan pérdidas que pueden dejar a una persona sola sin haberlo elegido. La jubilación, la viudez, una movilidad que ya no es la de antes o unos hijos que viven lejos van reduciendo el círculo casi sin que nadie lo note.

La soledad no deseada en mayores no es una consecuencia inevitable de la edad: es un factor de riesgo reconocido para la depresión, se puede detectar con señales concretas y responde bien a la intervención psicológica cuando se aborda a tiempo. El problema es que muchas veces se confunde con «cosas de la edad» y nadie pregunta.

Si te preocupa un padre, una madre o un familiar mayor, o si eres tú quien nota que los días se parecen demasiado entre sí, conviene distinguir qué forma parte de un bajón pasajero y qué merece atención profesional.

¿Qué es la soledad no deseada y en qué se diferencia de vivir solo?

La soledad no deseada es la sensación persistente de que las relaciones que uno tiene son insuficientes, en cantidad o en calidad. Es una experiencia subjetiva: una persona puede vivir sola y sentirse acompañada, y otra puede convivir con su familia y sentirse profundamente aislada.

Aislamiento social y soledad: dos realidades distintas

El aislamiento social es un dato objetivo: pocos contactos, pocas salidas, poca participación en la comunidad. La soledad es cómo se vive eso por dentro. Ambas suelen ir juntas, pero no siempre. Por eso preguntar «¿estás bien, que te veo poco?» no basta; lo útil es saber si la persona echa de menos a alguien, si siente que no tiene con quién hablar de lo importante o si ha dejado de hacer cosas porque ya no le apetece hacerlas sin compañía.

Por qué aumenta a partir de los 75 años

Según el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (SoledadES), impulsado por Fundación ONCE, la soledad dibuja una curva en forma de U: es alta en la juventud, baja en la edad adulta y vuelve a subir en la vejez. Afecta al 14,5 % de las personas de 65 a 74 años y alcanza el 20 % a partir de los 75. El propio Observatorio señala que, aunque en mayores la prevalencia sea algo menor que en jóvenes, suele ser más intensa y duradera, porque se asocia a pérdidas familiares, limitaciones físicas y a la dificultad de construir vínculos nuevos a esa edad.

Madrid: una gran ciudad donde los mayores se sienten más solos

Vivir rodeado de gente no protege de la soledad. Los datos de SoledadES muestran que entre las personas de 65 años o más la soledad casi se duplica en las grandes ciudades: pasa del 12,7 % en municipios de hasta 20.000 habitantes al 25,1 % en los de más de medio millón. En la Comunidad de Madrid, más de 276.000 personas mayores viven solas en su domicilio, cerca de una de cada cuatro. No todas sufren soledad no deseada, pero sí es un grupo en el que conviene estar atentos.

Las cifras varían según cómo se pregunte: la Encuesta de Salud de la Ciudad de Madrid de 2022 situaba en un 12,4 % a los mayores de 65 que se habían sentido solos siempre, casi siempre o bastantes veces en el último año. Sea cual sea la medida, detrás hay miles de personas que pasan buena parte del día sin una conversación significativa.

Cómo la soledad deteriora el ánimo

La soledad sostenida no es solo un malestar social: afecta al estado de ánimo, al sueño, a la memoria y a la forma de cuidarse. Y la relación funciona en ambas direcciones, lo que explica por qué a veces cuesta tanto salir de ella.

Una relación que se retroalimenta

El estudio Soledad no deseada y salud mental en España 2026, de SoledadES, Fundación ONCE y Fundación AXA, encontró que la soledad es casi cinco veces más frecuente entre personas con problemas de salud mental (49,1 %) que entre quienes no los tienen (11 %). A la inversa, el 58,4 % de quienes sufren soledad no deseada presentan también algún problema de salud mental. En la práctica, esto significa que la persona que se siente sola sale menos, y al salir menos tiene menos ocasiones de sentirse acompañada; el ánimo baja, y con el ánimo bajo cuesta aún más dar el primer paso.

Depresión en mayores: cuando se confunde con «cosas de la edad»

La depresión en personas mayores no siempre se parece a la de un adulto joven. Es frecuente que la tristeza no se verbalice y que el malestar aparezca de otras formas: quejas físicas constantes (dolores, cansancio, molestias digestivas), irritabilidad, apatía, pérdida de interés por aficiones de toda la vida o frases como «ya no sirvo para nada». Como muchas de estas señales se atribuyen a la edad o a problemas médicos, la depresión en esta etapa está infradiagnosticada.

Efectos en el cuerpo, el sueño y la memoria

Cuando el ánimo cae, suelen resentirse las rutinas de autocuidado: se come peor, se abandona el ejercicio, se duerme de forma irregular y se descuida la medicación. También pueden aparecer fallos de atención y memoria que asustan a la familia. En algunos casos, lo que parece un deterioro cognitivo es en realidad una depresión que afecta a la concentración, y mejora cuando se trata el estado de ánimo. Por eso una buena valoración es tan importante antes de sacar conclusiones.

Señales de alerta que conviene no pasar por alto

La soledad no deseada rara vez irrumpe de golpe. Se instala despacio: una llamada que deja de llegar, una afición que se abandona, un plan que se aplaza semana tras semana. Estas son algunas señales que merecen atención cuando se mantienen durante varias semanas:

  • Deja de salir de casa o reduce al mínimo las salidas, incluso las que antes le gustaban.
  • Descuida la alimentación, la higiene, la casa o la toma de medicación.
  • Duerme mucho más o mucho menos que antes, o pasa gran parte del día en el sofá con la televisión encendida.
  • Expresa ideas de inutilidad o de ser una carga: «no quiero molestar», «para lo que me queda».
  • Se muestra más irritable, desconfiado o quejoso de lo habitual.
  • Rechaza propuestas sin un motivo claro o las acepta y luego las cancela.

Momentos de mayor vulnerabilidad

Hay etapas en las que el riesgo aumenta y conviene estar especialmente cerca: los meses posteriores a la jubilación, la viudez o la pérdida de amigos cercanos, un problema de salud que limita la movilidad, un cambio de domicilio o el momento en que el último hijo se marcha lejos. El otoño y la llegada de las fiestas navideñas, con días más cortos y un calendario lleno de reuniones familiares, también pueden hacer más visible la ausencia de quien ya no está.

Tristeza esperable o posible depresión

No toda tristeza en la vejez es un trastorno. Un duelo tras una pérdida importante es una respuesta natural. Esta comparación orienta, aunque no sustituye una valoración profesional:

AspectoTristeza o duelo esperablePosible depresión
DuraciónOscila y tiende a suavizarse con las semanasPersiste casi a diario durante más de dos semanas
DisfruteSe mantienen momentos de disfrutePérdida general de interés, incluso por lo que antes gustaba
AutoimagenSe echa de menos a alguien o algoIdeas de inutilidad, culpa o de ser una carga
Vida diariaLas rutinas se alteran pocoAbandono del autocuidado, del sueño o de la alimentación
ContactoAcepta la compañía, aunque esté tristeEvita el contacto o lo rechaza de forma sistemática

Si en algún momento aparecen ideas de muerte o comentarios sobre no querer seguir viviendo, no conviene esperar: se puede llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, gratuita y disponible las 24 horas, o al 112 si hay un riesgo inmediato.

Qué puede hacer la familia (y qué conviene evitar)

El entorno cercano suele ser el primero en notar el cambio y también el que más puede ayudar, siempre que la ayuda no se convierta en control. Estas pautas sirven de punto de partida.

Preguntar sin interrogar

Preguntas abiertas como «¿con quién has hablado esta semana?» o «¿qué echas de menos de antes?» abren más que un «¿estás bien?», que casi siempre recibe un «sí» automático. Escuchar sin corregir ni minimizar («no digas eso, si estás estupendo») ayuda a que la persona se sienta tomada en serio.

Llamadas de calidad frente a llamadas de control

Una llamada diaria de un minuto para comprobar que «todo va bien» tranquiliza a la familia, pero no siempre alivia la soledad. Una conversación más larga una o dos veces por semana, en la que se comparte algo propio y se pide su opinión, suele tener más efecto. Sentirse útil y consultado es un antídoto potente contra la sensación de ser una carga.

Facilitar vínculos, no sustituirlos

La familia no puede cubrir todas las necesidades de relación de una persona. Ayudar a retomar una actividad del barrio, un centro de mayores, un grupo de paseo o una afición compartida suele ser más sostenible que intentar llenar todo su tiempo. En la ciudad de Madrid, el Ayuntamiento dispone de un programa específico de acompañamiento para mayores que se sienten solos, con atención individual y grupal y un teléfono de información, el 900 898 901.

Cuidar también a quien cuida

Cuando un hijo o una hija asume gran parte del cuidado, el desgaste emocional es real. El estrés en cuidadores puede derivar en culpa, irritabilidad y agotamiento, y eso acaba afectando también a la relación con la persona mayor. Pedir apoyo no es desentenderse; es una forma de sostener el cuidado en el tiempo.

¿Cómo se aborda en terapia?

La intervención psicológica en mayores parte de una idea sencilla: nunca es tarde para mejorar el estado de ánimo ni para recuperar vínculos. El trabajo se adapta al ritmo, la historia y las capacidades de cada persona.

Una evaluación que mira más allá del ánimo

El primer paso es entender qué está pasando. Además de la entrevista clínica, pueden utilizarse instrumentos validados como la Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage o la Escala de Soledad UCLA. También es importante coordinarse con el médico de cabecera para descartar causas físicas, efectos de la medicación o un posible deterioro cognitivo que requiera otra valoración.

TCC, activación conductual y pensamientos sobre los demás

La terapia cognitivo-conductual tiene buen respaldo en la depresión en personas mayores. La activación conductual ayuda a recuperar actividades con sentido de forma gradual, sin forzar. Un metaanálisis de Masi y colaboradores (2011) sobre intervenciones contra la soledad concluyó que las más eficaces eran las que trabajaban la forma de interpretar las relaciones: la expectativa de rechazo, la sensación de molestar o la idea de que «ya nadie cuenta conmigo». Revisar esas interpretaciones suele ser tan importante como aumentar el número de contactos.

Revisión de vida y elaboración de pérdidas

Las técnicas de revisión de vida o reminiscencia invitan a recorrer la propia biografía para integrar logros y pérdidas, y reforzar la identidad más allá de las limitaciones actuales. Cuando la soledad está ligada a una viudez o a la muerte de amigos cercanos, el trabajo de duelo ocupa un lugar central. En AGS Psicólogos Madrid, el equipo de psicólogos para la tercera edad combina estos enfoques según cada caso y, cuando conviene, incorpora a la familia en alguna sesión con apoyo de psicología familiar.

Presencial u online: adaptarse a la movilidad

Para personas con dificultades para desplazarse, la terapia online es una alternativa eficaz. La barrera tecnológica suele ser menor de lo que parece: basta con que un familiar ayude a preparar la primera videollamada. Aun así, para muchas personas mayores el hecho de salir de casa, arreglarse y acudir a una cita forma parte del propio proceso terapéutico, por lo que la modalidad se decide junto con el paciente.

Envejecer acompañado es una tarea compartida

La soledad no deseada en mayores tiene una parte social que depende de barrios, instituciones y familias, y una parte emocional que se puede trabajar en terapia. Detectar las señales pronto, hablar de ello sin dramatizar y ofrecer apoyo concreto marca la diferencia entre una etapa vivida con aislamiento y una etapa con sentido, relaciones y proyectos, aunque sean distintos de los de antes.

Si reconoces estas señales en ti o en un familiar, en AGS Psicólogos Madrid podemos hacer una primera valoración, presencial en cualquiera de nuestros nueve centros de la Comunidad de Madrid o por videollamada. Puedes escribirnos desde la página de contacto o llamar al +34 914 16 34 84. Si quieres profundizar en cómo afecta la soledad en otras etapas de la vida, también puedes leer nuestro artículo sobre la soledad en adultos.

Preguntas frecuentes

¿Vivir solo significa sentirse solo?

No. Vivir solo es una circunstancia y la soledad no deseada es una vivencia. Muchas personas mayores viven solas por elección y mantienen una red afectiva satisfactoria, mientras que otras se sienten solas aun conviviendo con su familia. Lo que importa es si la persona siente que sus relaciones son suficientes.

¿Cómo distinguir la tristeza normal de la depresión en una persona mayor?

La tristeza esperable fluctúa y deja espacio para momentos de disfrute. Si el ánimo bajo o la pérdida de interés se mantienen casi a diario durante más de dos semanas, y se acompañan de abandono del autocuidado o ideas de ser una carga, conviene consultar con un profesional.

¿La depresión en mayores puede confundirse con demencia?

Sí. La depresión puede afectar a la atención y la memoria y dar una imagen de deterioro cognitivo que mejora cuando se trata el estado de ánimo. Por eso es importante una evaluación psicológica y médica coordinada antes de sacar conclusiones.

¿Qué hago si mi padre o mi madre no quiere ir al psicólogo?

Evita imponerlo o presentarlo como un problema de «estar mal de la cabeza». Suele funcionar mejor hablar de su bienestar, del sueño o del cansancio, proponer una sola consulta para valorar y ofrecer acompañarle. En algunos casos, una primera sesión con la familia ayuda a abrir el camino.

¿Es útil la terapia online para personas mayores?

Sí, especialmente cuando hay problemas de movilidad o se vive lejos de un centro. Con una preparación sencilla de la videollamada, la mayoría de las personas mayores se adapta bien. La modalidad se elige según las preferencias y necesidades de cada paciente.

María Hurtado - psicóloga clínica

María Hurtado Sayas

Escrito por María Hurtado Sayas, Psicóloga, Col. M-27057 · Revisado: 18 diciembre de 2025